Incomódate 

La comodidad es un lugar silencioso donde los sueños no mueren de golpe, sino que se van apagando lentamente, como una vela olvidada en una habitación cerrada. Allí todo parece seguro, predecible, controlado… pero también todo permanece pequeño. En ese espacio cómodo no hay confrontación, no hay molestias, no hay desencanto, tampoco crecimiento ni  transformación real…Sólo repetición. Es una cárcel elegante sin barrotes visibles, pero limita tus pasos. No te castigan, ni te maltratan, pero el dolor está allí,  en medio de este cómo silencio. No duele, sin embargo adormece tus sueños sin tener que gritarte, simplemente va apagando  minuciosamente tu propósito.

Vivimos en una generación que desea resultados, pero que evita los procesos…les aterra los desconocidos. Llega incluso a orar por milagros, pero huye del esfuerzo, de la incomodidad y de los cambios, porque simplemente quiere cosechar, pero no quiere, ni tampoco le interesa sembrar. Y allí nace el gran vacío del que nadie se atreve a mencionar, ni siquiera los pastores, para caer bien a todo, “La fe sin acción es una pérdida de tiempo”.Porque la fe sí es poderosa…pero la fe sin movimiento se convierte en ilusión, lo mismo que pasa con la  oración sin disciplina, se vuelve costumbre, donde tarde o temprano el deseo sin trabajo se transformará en frustración.

Muchos no avanzan no porque no puedan, sino porque no quieren incomodarse. Lo más peligroso de la comodidad no es que duela, claro que no, es placentera, sólo que anestesia la conciencia, crea una burbuja adictiva para aquellos que acostumbra a vivirla, y  junto con la mente primitiva,  esconden aquel que tu necesitas por debajo de tu llamado sin que te des cuenta. Muchos dicen creer en Dios, en los sueños, en las promesas, en un futuro mejor, incluso según la palabra, pero.viven como si el milagro tuviera que caer del cielo sin que sus manos se ensucien en el proceso. Se ora, sí; van a la iglesia, pero no se actúa. Se pide, pero no se trabaja, viven repitiendo, declarando profecías como si fuera conversaciones que salen de un guión de una película,  lo que  hará que el milagro suceda con simplemente declarar, pero no se estudia. Se espera, pero no se camina. Y así nace una espiritualidad vacía, una fe que consuela pero no transforma, una que tranquiliza la conciencia pero no construye destino. Hoy, me atrevo a decirte que la fe auténtica no es pasiva, la fe verdadera se levanta temprano, se disciplina, se esfuerza, persevera aún cuando nadie está mirando.

Conozco personas que no se atreven a avanzar no porque no tengan capacidad, sino porque no quieren incomodarse ni incomodar a sus entornos. No quieren romper expectativas.no quieren decepcionar versiones antiguas de sí mismas; No quieren desafiar la comodidad que les rodean. Prefieren achicarse para no destacar, callarse para no provocar, limitarse para no perder aceptación. Pero hay una verdad que tarde o temprano debes enfrentar: Crecer siempre va a incomodar a quienes eligieron quedarse donde están. Y.  tu evolución no es una traición a nadie, es un acto de respeto hacia tí y  tu propósito. Defender tu presencia en el mundo es un acto sagrado, es parte del plan de Dios para tu vida. No viniste a encajar, viniste a manifestar una identidad, a elevar una voz, a cumplir con una visión única. Cuando te apagas para no molestar, cuando reduces tu brillo para no incomodar, no estás siendo humilde. estás siendo infiel a lo que fuiste creado para ser. La incomodidad del crecimiento es el precio de la expansión, y negarse a pagar ese precio es aceptar una vida de potencial no vivido, de talento enterrado, de llamados ignorados.

Dios no obra a favor de la pasividad disfrazada de paciencia, la historia espiritual entera honra a los que se movieron antes de ver, a los que actuaron antes de entenderlo todo, a los que caminaron aún con miedo. La bendición no sigue a los que esperan sentados, sino a los que avanzan con temblor pero con decisión firme.  La acción no contradice la fe, la pone en evidencia. Por eso te digo “incomódate ”, no como un acto de violencia contra ti mismo, sino como uno de amor profundo hacia tu futuro. “Incomódate ”cuestionando tus hábitos, tus excusas, tus techos mentales, haciéndolo hoy. Haz que  que tu versión futura te agradece mañana. Incómodate creciendo aunque duela, aunque cueste, aunque pierdas compañía en el camino; Porque hay un dolor que destruye y otro que edifica, y el dolor del crecimiento siempre conduce a una vida más verdadera.

La comodidad te promete paz inmediata, pero te roba lo más sagrado,  el destino… en cambio la incomodidad te exige disciplina,  y te obsequia propósito, identidad, dirección,  meta, logros y bienestar. Al final, cuando mires atrás, no te dolerán las veces que te atreviste a cambiar, sino todas las veces que pudiste hacerlo… y elegiste quedarte donde ya no pertenecías.

 

Incomodate campeon (a)

!Un abrazo fuerte, te veo en la cima!

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